Crónicas de la despedida de Cristina Kirchner.

33
El 9 de diciembre de 2015, después de ocho años de presidencia, Cristina Fernández de Kirchner se despidió del cargo con un discurso ante una rebalsada Plaza de Mayo.

Aquí algunas crónicas de la gente que acudió a escucharla.

El cartel lo pensaron entre los cuatro, sencillo, de apenas tres líneas. Se lo dieron a Lorenzo, el hermano menor, de 9 años, para sostenerlo en Plaza de Mayo. “Tomate un descanso –escribieron–. Te esperamos. Gracias por tanto.” A un costado, pegaron una foto de Lorenzo, enfundado en un casco y embanderado con un viejo pingüino de peluche, alguna vez comprado en Mundo Marino y al que Lorenzo rescató de un baúl “Esto ya lo vivimos –dice su padre–. Lamentablemente, la gente se olvidó. Pero hoy estamos en la plaza por ella: vinimos a mostrarle la semilla que sembró”.

“¡Chicos, esto no se vio nunca!”, dice poco más lejos Anabela, 20 años, a un grupo de amigos. “¡¿Autoconvocados reunidos para despedir a un presidente?!”, repetía. “Compará una foto de 2001 y ¡mirá ésta! Es la primera vez en la historia que el que tiene miedo de ser abucheado es el que entra, y no el que se va.”

Miguel viajó desde Mar del Plata con parte de los Descamisados, esperó la caída de la tarde sentado sobre una caja de tesoros. “¿Te puedo mostrar algo?”, preguntó. 64 años, emigrado de La Plata, ingeniero, de los que “tuve la suerte de votar a Néstor como parte de ese 22 por ciento de la primera vez”. Dice que cuando escucha a Cristina se acuerda de los Quilapayún, de una canción que decía qué culpa tiene el tomate, que viene un hijo de puta y lo manda pa’ Caracas. De la caja saca una foto vieja. Su cumpleaños de 17 años. En una mesa está él con un grupo de amigos, y entre ellos, Jorge, el hijo de Hebe de Bonafini. Trajo la foto ensobrada para regalársela a Hebe, si la ve. “Y ahora van a venir las cosas que ya sabemos: las medidas de Menem, las de Martínez de Hoz, va a venir represión, pienso yo. No ganaron por mucho. Y muchos lo votaron sin saber lo que es.”

Metros atrás, bajo un árbol de sombra flaca, Rubén Gil y Griselda Dular, los padres de Lorenzo y de Gerónimo, abren el cartel. “Venimos de San Martín, somos una familia común, trabajamos, tenemos dos hijos que estudian, mi señora es ama de casa”, dice él, en una suerte de código colectivo que se repite en cada parte de la plaza. Para 2002, Rubén perdía el trabajo en el ACA. Hicieron su exilio interno. Viajaron a Ayacucho. Pusieron un puesto de comidas. Mejoraron. Cuando fue el conflicto con los ruralistas, algo les hizo ruido. “Estábamos en Ayacucho y empezamos a ver lo injusto que era”, dice Griselda. “Veíamos cómo estaba el campo, que estaba bien pero siempre decía que estaban mal.” Néstor y Cristina hicieron una visita. Y ese día, los del campo escondieron las camionetas, apunta Gerónimo, el mayor, de 17 años: “¡Escondieron todo!, le gritamos a Néstor. Y él nos levantó el pulgar para arriba”.

Aurelia y Ernesto estaban parados en una esquina. 80 y 82 años. “¡Ya lo hemos visto todo! Hemos visto pasar muchos gobiernos. Hemos cruzado la vida”, dice Aurelia. Y Ernesto, en voz más baja: “Pero acá hay dos cosas: Perón y Cristina, ¡los demás se quedaron totalmente afuera!”

 


FUENTE: Diario Página 12
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s