Martínez de Hoz reconoce a Carlos Menem.

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El 24 de marzo de 1976, una junta militar integrada por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas derrocó al gobierno constitucional encabezado por María Estela Martínez de Perón.

Cinco días después (29.03.1976), la junta designó como presidente a uno de sus integrantes, el jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, presentado en un comunicado de prensa oficial como “un profesional moderado, lejano de los extremos ideológicos y militante católico”.

Los otros integrantes de la junta militar fueron el almirante Eduardo Emilio Massera, por la Armada y el brigadier Orlando R. Agosti, por la Fuerza Aérea. El nuevo gobierno se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional” y sus primeras medidas fueron el establecimiento de la pena de muerte para quienes hirieran o mataran a cualquier integrante de las fuerzas de seguridad, la clausura del Congreso Nacional, el reemplazo de todos los miembros de la Corte Suprema de Justicia por jueces adictos al nuevo régimen, el allanamiento y la intervención de los sindicatos, la prohibición de toda actividad política y la imposición de una fuerte censura sobre todos los medios de comunicación.

La repartición del poder entre las tres fuerzas llevó días de deliberaciones. Los gobiernos provinciales, los canales de televisión y los ministerios se repartieron entre militares salvo en dos casos: el de educación, dado a Ricardo Bruera y el de economía, delegado a José Alfredo Martínez de Hoz.

La denominación “dictadura militar” queda desajustada a partir de los estudios y las investigaciones que pudieron llevarse a cabo en los años posteriores a este proceso. La participación de civiles en el propio gabinete de ministros y la anuencia pública de vastos sectores terminaron conformando un bloque cívico, militar, empresarial y eclesiástico de poder.

En este marco, las Fuerzas Armadas asumieron el poder político con el compromiso público de terminar con la violencia urbana de la guerrilla y el compromiso velado de representar y salvaguardar los intereses de los grandes grupos económicos mediante la aplicación del proyecto económico que les garantizara multiplicar la concentración de las riquezas aun a costa de desmantelar la base industrial argentina, destruir las organizaciones político-sociales que luchaban por impedirlo y endeudar hasta la quiebra al país.

Otros cinco días pasaron desde la asunción presidencial de Jorge Videla, para que el flamante ministro de economía, el civil José Alfredo Martínez de Hoz, anunciara el programa económico a poner en marcha (02.04.1976).

La opinión del establishment internacional le era unánimemente favorable. El banquero David Rockefeller declaraba a la revista Gente (06.04.1977): “Siento gran respeto y admiración por Martínez de Hoz. Es muy obvio para mí, como para todo el segmento bancario y económico internacional, que las medidas de su programa son las indicadas”.

Terminada la “dictadura cívico – militar” (1983) y derrocado el siguiente gobierno democrático de Raúl Alfonsín (1989), el peronista Carlos Menem asume la presidencia de la Nación y, estableciendo exactamente todo lo contrario de lo que había prometido durante su campaña electoral, vuelve a poner en ejecución los mismos lineamientos económicos favorables al sector que derrocara a Raúl Alfonsín y redituara a la sombra de la dictadura: el neoliberalismo.

En pleno ejercicio presidencial de Carlos Menem, en 1995, el propio José Alfredo Martínez de Hoz, salió a respaldar públicamente la política económica adoptada por el riojano, explicando los beneficios que le reportaría al país tal orientación y agregando que ella era pedida por la población en 1989. No obstante, Carlos Menem ya había confesado, pública y sarcásticamente un año antes, que “si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”.

Aquí el reconocimiento público de José Alfredo Martínez de Hoz (1995) a la política económica ejecutada por Domingo Felipe Cavallo, ministro de economía del gobierno de Carlos Menem (1989-1999):

“Hacia 1989 la gente misma pedía esta orientación y yo creo que este es el espíritu que capta el presidente Menem cuando asume la presidencia y, con el ministro Cavallo y los ministros que lo antecedieron comenzaron también, en este sentido, dieron la orientación económica en las grandes líneas, en las grandes bases, eran prácticamente las mismas que las nuestras, o sea, la reforma del Estado, con las grandes privatizaciones y establecer la función subsidiaria del Estado únicamente, sacarlo de las actividades productivas; la apertura de la economía, con su modernización y liberalización; y la estabilización en la lucha contra la inflación”.


EL PLAN ECONÓMICO DE LA DICTADURA CÍVICO-MILITAR [1976-1983]
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