Última cadena nacional del presidente Raúl Alfonsín.

Última cadena nacional del presidente Raúl Ricardo Alfonsín

– 29 de mayo de 1989 –


“Buenas tardes.

Creo que es absolutamente necesario que les hable acerca del acontecer político de los últimos días.
Desde hace tiempo ya estoy convencido de que el acontecer económico está demasiado influído por problemas políticos que generan comportamientos de naturaleza económica que, en última instancia, conspiran contra la estabilidad en Argentina, promueven el aumento de los índices inflacionarios y sobretodo, de manera muy particular, lesionan la calidad de vida de los sectores sometidos a ingresos fijos.

Era muy claro, desde hace unos meses ya, que se trataba de la incertidumbre propia de una campaña electoral y es igualmente claro ahora que, luego de elecciones ejemplares donde el pueblo se manifestó contundentemente y transparentemente, es igualmente claro digo, que en la actualidad la necesaria provisoriedad de las medidas que en el campo económico o en cualquier otro toma nuestro gobierno, generan una incertidumbre acerca de la continuidad de las mismas que sigue conspirando en el campo económico para establecer una relación en el comportamiento de cada uno acorde con la naturaleza de los problemas que estamos viviendo.

Yo tenía una ilusión muy grande que ustedes conocen, porque me he referido a ello muchas veces: cumplir el mandato de los seis años. Pero frente a la circunstancia electoral muy clara y a la continuación de esta incertidumbre que generaba este comportamiento económico que llevaba a la situación que les he manifestado, llegué a pensar incluso, sino estaba frente a un problema de vanidad personal, porque la misión estaba cumplida, ya habíamos ido a las elecciones, ya había un candidato electo, ya estaba prácticamente realizada la consolidación de la democracia a través del traspaso del poder y, sin embargo, nos encontramos con este problema.

En buena medida surge de una Constitución de la época de las carretas, razón de más que hay que anotar para reformar la Constitución de la Nación. En buena medida también porque es la primera vez que pasaba en el país una cosa de estas. Nunca, desde que hay sufragio universal, nunca, un presidente elegido por el pueblo iba a realizar el traspaso del poder a otro presidente elegido por el pueblo.
De modo que todo esto siguió generando estas circunstancias y yo llegué a la conclusión de que debía ofrecer la anticipación de la asunción del nuevo presidente de los argentinos.

Desde luego que era doloroso pero me parecía que era un sacrificio que debía realizar en homenaje a la democracia misma, a la patria en definitiva y a las posibilidades de superar una crisis que no puede ser manejada en las circunstancias actuales con medidas que aparecen como provisorias.

No fue aceptada esta posición. Yo no analizo ni me corresponde juzgar las razones que se tuvieron en cuenta para asumir esta decisión, pero lo cierto es que nosotros estamos dispuestos, como lo dije antes también, a gobernar sin desmayos hasta el diez de diciembre del corriente año. Eso sí, que nadie venga a decir en lo sucesivo que resulta o puede resultar conveniente la entrega anticipada.
Vamos a realizar un programa que abarcará seis meses y en él estaremos dispuestos a jugar como siempre, como hemos hecho durante estos cinco años y medio, toda nuestra responsabilidad.

Pero había otra cosa también que yo quiero que ustedes tengan en cuenta. Esta misma circunstancia de la incertidumbre que generaba estos comportamientos económicos me llevó a la conclusión de que aun en el interregno teníamos que procurar coincidir las dos fuerzas políticas mayoritarias por lo menos, para encontrar una acción común, desde luego asumiendo nosotros la responsabilidad, porque la responsabilidad es nuestra, pero también comprendiendo que la solución es de todos, que todos estamos involucrados en este momento argentino, y que todos tenemos la obligación de trabajar con todas nuestras fuerzas con el propósito de enderezar los procesos económicos de la Nación.

En este sentido, el señor presidente electo, le podemos llamar así a pesar de que falta la formalidad de los colegios electorales, el señor presidente electo tuvo la gentileza de designar una persona de su confianza con el propósito de iniciar conversaciones. Se realizaron esas conversaciones con grupos técnicos, estuvimos sábado y domingo pendientes de las mismas, se arribaron a conclusiones, estuvimos decididos a cambiar nuestro proyecto aceptando criterios que compatibilizaran la acción de las dos fuerzas políticas, hecho que considero absolutamente indispensable para tranquilizar la economía argentina. Se produjo la renuncia que lamentamos de excelentes funcionarios que nos acompañaban en la conducción económica, cerramos los bancos por dos días, establecimos ese feriado cambiario y bancario que ustedes conocen. Sin embargo después de lo que parecía un acuerdo definitivo se dijo que no se coincidía y se señaló que no se podía coincidir porque había aumentos de tarifas y porque había aumento de impuestos y que de lo que se trataba era de aumentar los salarios y dar mayores recursos a las provincias argentinas.

Yo no me explico cómo puede hacerse una cosa o la otra sin aumentar las tarifas que van a tener, desde luego, además, un contenido social los aumentos frente a la inflación que crece y sin crear los impuestos para que sean precisamente los sectores más capacitados económicamente los que realicen el esfuerzo tendiente a resolver o aunque sea a paliar los problemas de los que más necesitan.

Pero la cuestión es esa. Yo sé que no hay el ánimo de obstruir, yo sé que no hay la intención de perjudicar y seguiremos, desde luego, procurando establecer este diálogo con el sector que hoy ha demostrado ser mayoritario en la Argentina. Pero mientras tanto no podemos seguir adelante con lo que habíamos supuesto que era este proyecto que tenía sentido y que tenía significación en el marco de un acuerdo de las dos fuerzas políticas.

Será necesario ir mucho más allá. Y por ese motivo también anticipo ahora que para mañana y para el viernes seguirá el feriado cambiario.

Vamos a hacer no sólo una economía de guerra. Va a haber un gobierno de crisis. Y vamos a llevar adelante esta transición con todas nuestras fuerzas procurando evitar que los esfuerzos recaigan sobre los sectores más desposeídos. Vamos a llevar adelante una política con sentido social, pero será, desde luego, dura, como todos se imaginan.

Por otra parte, quiero decir también, en esta verdadera orgía de calumnias que estamos viviendo, que se debe en buena medida al hecho de que las reglas jurídicas vigentes no garantizan la defensa adecuada del honor personal quiero decir, digo en cuanto a esto, que se habla de la corrupción, que quién tenga pruebas acuda a la justicia. Nosotros lo acompañaremos. Quién no tenga pruebas acuda a la fiscalía de investigaciones, porque estaremos detrás para procesar al sinvergüenza. Pero quién diga simplemente por cualquier medio que hay corrupción vagamente, sin hacer la imputación que corresponda ante la justicia o ante la fiscalía para detener al sinvergüenza, es en sí un sinvergüenza.

De modo que yo quiero que aquí quede muy en claro que hay que defender la democracia, evitando imputaciones que en definitiva desprestigian al sistema y no a un gobierno ni a un partido político. Este es un gobierno decente que está dispuesto a favorecer cualquier investigación acerca de cualquiera de sus funcionarios. La responsabilidad en este sentido de la defensa de la democracia es de todos y todos tienen la obligación de hacer la denuncia que corresponda.

Quiero finalmente también sostener lo que no necesitan conocer los argentinos porque lo saben muy bien. Nadie más que yo ha de luchar por la democracia de los argentinos. No encontrará el señor presidente electo colaborador más decidido para allanarle el camino para su instauración. Ni encontrará luego colaborador más decidido para la defensa de la democracia que el actual presidente.

De modo que todos nos necesitamos. Todos debemos respetarnos. Todos debemos jugar a la cosa grande. Todos debemos pensar en el país. No buscar desprestigios que no hacen nada más que sumar obstáculos a esta difícil situación argentina.

Vamos a llegar, pues, al diez de diciembre, con el esfuerzo extraordinario del pueblo argentino que ha de comprender que el peso de ese esfuerzo ha de recaer fundamentalmente sobre los que más tienen. Vamos a convocar a todos, vamos a convocar al sindicato y al trabajo organizado, vanos a convocar a los sectores empresarios, hemos de gobernar en un estilo distinto que no es de mi agrado. Seremos muy exigentes. Estaremos muy a menudo en los medios de difusión. Personalmente procuraré que se cumpla por parte de todos esta responsabilidad fundamental de no atentar con la especulación contra el pueblo argentino.

No he utilizado, ustedes lo saben muy bien, la televisión a favor de mi partido ni como propaganda de mi gobierno, pero ahora sí la utilizaremos a full con el propósito de defender la democracia de los argentinos y la economía de nuestro pueblo.

En estos días nomás iremos usando la televisión con el propósito de informarles lo que estamos haciendo y seguramente el domingo podremos estar en condiciones de informarles también definitivamente cual es el proyecto que hemos de poner en marcha. Hasta tanto les pido serenidad y tranquilidad. Estamos detrás de las mejores soluciones, convencidos de que la democracia de los argentinos tiene la obligación de dar respuestas a los problemas más urgentes de las clases desposeídas argentinas. Convencidos de que es necesario hacer por todos un esfuerzo fundamental para salir de esta dificultad tan grave por la que estamos atravesando actualmente.

Yo les agradezco desde ya ese esfuerzo, les agradezco desde ya esa serenidad y hasta muy pronto y muchas gracias.”


Sólo 40 días después, el 9 de julio de 1989, ante la salvaje hiperinflación y los saqueos a comercios, producto de un golpe de estado económico, Raúl Alfonsín entregó el mando a Carlos Saúl Menem (PJ), seis meses antes de la finalización de su mandato constitucional.
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