La ejecución de Cayetano Grossi.

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Fue el 6 de abril de 1900 la primera aplicación de la Pena de Muerte en Buenos Aires. Se llevó a cabo en la Penitenciaría Nacional de Las Heras y recayó sobre Cayetano Domingo Grossi, caratulado como el primer asesino serial de Argentina.

Grossi nació en Bonefatti, provincia de Constanza (Italia) en 1854 y a poco de arribar a Argentina (1878) emprendió los trabajos más variados merodeando la plaza de Retiro.

Fue botellero, afilador ambulante, mozo de cordel, vendedor de cacerolas y carrero, último oficio que practicó antes de morir cuando se lo acusó de culpable de la muerte de recién nacidos que aparecieron mutilados en la quema. Esos niños, según se probó, eran hijos de Grossi, nacidos todos ellos de una extraña situación que mantenía con una viuda y dos de sus hijas en un inquilinato de la calle Artes 1438.

Las investigaciones comenzaron el 29 de mayo de 1896, cuando se encontró cerca de una fábrica de grasa, una bolsa conteniendo un brazo de una criatura recién nacida. El titular de la comisaria 12 informó el hallazgo y ordenó una inspección ocular de la que se obtuvo, de entre la basura, un cráneo destrozado, piernas, y el brazo restante. Dejando bajo vigilancia el sitio, ese mismo día cuando uno de los carros recolectores descargó residuos apareció el tronco, completándose así, el cadáver del bebe. La autopsia determinó que el niño había muerto por la fractura de cráneo. La investigación no arrojó resultados, quedando el crimen sin resolución.

Dos años después, el 5 de mayo de 1898, se encontró en el mismo lugar, un nuevo cadáver de un recién nacido con el cráneo destrozado y en avanzado estado de descomposición. En sus brazos y manos existían signos de quemaduras de primer y segundo grado. El cuerpo, según las pericias forenses efectuadas, tenía 4 días de vida y su muerte se había producido por compresión violenta de la parte anterior del cuello.

Tanto la mujer —Rosa de Nicola—, como sus hijas Clara y Catalina, mantenían relaciones sexuales con Grossi (ya casado en Italia, donde había dejado dos hijos), de las cuales nacieron los niños que Grossi se encargó de hacer desaparecer. Las mujeres lo acusaron a él y él a las mujeres, pero cometió el error de reconocer uno de los infanticidios y el juez Ernesto Madero lo condenó a la pena de muerte.

Apelado el fallo, la Cámara confirmó la sentencia elevando el dictamen al Poder Ejecutivo “a los fines de ley”. Ese mismo día —el 5 de abril de 1900-, el presidente de la República, Julio Argentino Roca, decretaba que el ministro de Guerra pusiera a disposición del juez Madero la fuerza pública necesaria para que en la Penitenciaría Nacional se ejecutara la sentencia al día siguiente. La última foja que cerró el expediente judicial era el informe del jefe del pelotón de fusilamiento.

Decía así: “Al Señor Juez del Crimen, Doctor Ernesto Madero. Pongo en conocimiento de V. S. que el día 6 del corriente siendo las ocho a.m. y dando cumplimiento a la orden que el Señor Jefe de Estado Mayor me comunica con fecha 5 del mismo, pasé por las armas al individuo Cayetano Grossi”.

Adjunto a la presente una copia de las últimas palabras pronunciadas por el reo, las cuales fueron recogidas por un particular a quien el reo se las dictó, lo que comunico a V.S. a los fines que estime convenientes. Dios guarde a V. S. Firmado: Manuel Medrano, Capitán”.

Las últimas palabras de Grossi, insistían en su inocencia:

“He tenido cinco hijos cristianados, en una sola mujer; de ellos, tres viven, dos varones y una mujer. Los otros dos, que eran mujeres, murieron aproximadamente hace quince años.”

“Yo recibo con resignación la pena que se me ha impuesto, pero soy inocente. Yo no soy culpable de la muerte de esas criaturas porque las culpables son esas mujeres que me han acusado asesino de sus hijos. Yo no soy el padre de las víctimas; los padres de esos niños eran los amantes de las mujeres Nicola. Si yo fuera un asesino tan feroz, yo hubiera muerto a mis hijos con la madre.”

“¿Cómo es posible que una madre haya permitido que yo asesinara sus propios hijos? ¿Por qué no me acusaron ante la Policía cuando yo salía a la calle, las madres de las víctimas?.”No siento morir y hago esta declaración por el amor a mis hijos legítimos.”

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Pero era tarde. Cayetano Grossi fue ejecutado. Apenas las manecillas del reloj marcaron las ocho y cinco minutos, el médico de la Penitenciaría Nacional, doctor Raffo, cumplía con la última formalidad legal: la verificación de la muerte del condenado.

PENA CAPITAL EN AMERICA LATINA
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